Cualquiera puede pesar algo y anotarlo en una planilla. Lo que necesita un auditor de carbono es saber que ese número no cambió entre la balanza y el registro. La balanza de OLIVIA firma cada lectura en el propio equipo y la manda sola, por Bluetooth, al celular del operario.
Se pesa cuando el material entra a la planta o al acopio. Lo que pasa antes, la foto en la casa o el QR del tacho, dice de dónde vino el material; no es la medición. La foto no reemplaza a la balanza: donde hay balanza es opcional, y donde todavía no hay, la foto da una estimación que queda marcada como tal.
El operario no escribe ni calcula nada. Si en el galpón no hay señal, la app guarda el dato y lo sube después: como viene firmado, la demora no le quita validez. Repesar el tacho vacío importa: 300 g de error por tacho, repetidos mil veces, son 300 kg de diferencia en el año, siempre sobreestimando.
Primero preguntamos si la planta ya tiene balanza. Las cooperativas que venden material por kilo suelen tenerla: si existe, no fabricamos una nueva, instrumentamos la que ya está.
Para grandes generadores: vamos una semana con una balanza portátil y pesamos cada bolsa o contenedor, separado por fracción. Recibís cuántos kilos generás por día, cuánto se podría desviar y adónde va hoy, con una línea base medida con equipo firmado.